martes, 20 de marzo de 2018

ALGUNOS ALCANCES DE DBT...


Para empezar, imaginen que son terapeutas frente a esta situación:
El teléfono del consultorio suena a las seis de la tarde un viernes; has tenido una larga y estresante semana y estás anticipando un fin de semana relajado. Quien llama es una de tus pacientes. Te dice que tiene una crisis suicida y está parada en ese momento en un puente con intenciones de tirarse. Había planeado dejarte un mensaje en el teléfono disculpándose por su acción. Tiene una emocionalidad apagada e indica que varios eventos que sucedieron en las últimas 48 horas han incrementado su riesgo, ya crónicamente alto. Ha sido frecuentemente hospitalizada en situaciones similares en el pasado, pero esto rara vez ha ayudado. Se siente desesperanzada y reacia a hablar.
¿Cómo responder frente a un caso así? “¿Permaneces en el teléfono y tratas de calmarla ofreciéndole apoyo u otras intervenciones? ¿Intentas resolver el problema que llevaron a la crisis? ¿Intentas averiguar dónde está para enviar servicios de emergencia en su ayuda? Y si es así, ¿te quedas con ella en el teléfono hasta que lleguen? ¿Vas a requerir una hospitalización? ¿Qué vas a hacer, y principalmente, qué principios vas a utilizar para decidir qué hacer?”
—Swales y Heard, Dialectical behaviour therapy, distinctive features. 2009.
A todo terapeuta, experimentado o no, le corre un escalofrío por la espalda ante situaciones de este estilo. Y es justamente para responder a este tipo de casos que surgió DBT.
DBT se propuso inicialmente como un abordaje dirigido exclusivamente a pacientes multiproblemáticos, con conductas suicidas, problemas interpersonales serios y autolesiones, lo que dentro del sistema de diagnóstico DSM se denomina “Trastorno Límite de la Personalidad” (TLP).
El TLP es un trastorno de la personalidad que se caracteriza por “un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la autoimagen y en la afectividad y una notable impulsividad que comienzan al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos” (DSM-IV, 1994). Los criterios para diagnosticar TLP incluyen síntomas afectivos, conductuales, interpersonales y cognitivos, que incluyen (sin necesariamente limitarse a ellos):
  • Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (p. ej., episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y rara vez unos días).
  • Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla (p. ej., muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
  • Sentimientos crónicos de vacío o inutilidad.
  • Comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes o comportamiento de automutilación.
  • Un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por extremos de idealización y devaluación.
  • Impulsividad
  • Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado.
  • Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable.
  • Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves.
A menudo los terapeutas trabajando con pacientes TLP se sienten sobrepasados y estresados por lidiar regularmente con crisis crónicas, intentos de suicidio, y enojo dirigido al terapeuta
Como se podrán imaginar por el rango de síntomas, todo esto constituye un desafío para el terapeuta. A menudo los terapeutas trabajando con pacientes TLP se sienten sobrepasados y estresados por lidiar regularmente con crisis crónicas, intentos de suicidio, y enojo dirigido al terapeuta. Incluso tratándose de terapeutas experimentados, puede resultar difícil lidiar con su propia respuesta emocional cuando un paciente está recurrentemente suicida y rechaza la ayuda que ofrece el terapeuta a la vez que demanda ayuda que el terapeuta no puede brindar. Todo esto aumenta la probabilidad de cometer errores terapéuticos de todo tipo y brindar terapias poco útiles. DBT surgió como una aplicación de la terapia conductual para responder a ese desafío.
El tratamiento fue desarrollado por Marsha Linehan durante la década del 80 (el primer libro de DBT se publicó en 1993), e intenta balancear elementos de cambio con elementos de aceptación dentro de un marco de trabajo que provee estructura y contención no sólo al paciente, sino también al terapeuta.