domingo, 26 de julio de 2015


Este es un servicio que ofrecemos a las personas que tienen interés por iniciar una terapia psicológica que esté al alcance de sus posibilidades a cargo de profesionales con formación en psicoterapia cognitiva - conductual.
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martes, 21 de julio de 2015

MANIFIESTO Y TABLA PERIÓDICA DE LAS EMOCIONES



“CONVERTIMOS PROBLEMAS COTIDIANOS EN TRASTORNOS MENTALES”

“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”
Catedrático emérito de la Universidad de Duke, dirigió la considerada 'biblia' de los psiquiatras

Allen Frances (Nueva York, 1942) dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.
Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.
P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?
R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.
P. Con la colaboración de la industria farmacéutica...
No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para crear nuevas enfermedades
R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.
P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?
R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.
P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?
R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.
P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?
R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.
P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?
Los seres humanos hemos sobrevivido millones de años gracias a la capacidad de afrontar la adversidad
R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.
P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?
R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.
P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?
R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.
P. No va a ser fácil…
R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.
P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.
R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.
P. ¿En qué sentido?
R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.
P. Y también tendrán que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos. 

CONOCE LOS SECRETOS DE LA NEUROCIENCIA


Sabías que tu cerebro es quien se encarga de controlar y regular los estímulos. A través de las neurociencias puedes conocer cómo reaccionas.
El cerebro humano es el centro del sistema nervioso. Es la maravilla más compleja que ha creado la naturaleza y se ha ido desarrollando a lo largo de millones de años, capa tras capa, hasta llegar al cerebro actual. En él se pueden distinguir tres formaciones (triurno) o cerebros independientes pero conectados: el cerebro reptiliano, el paleomamífero o límbico y el neocórtex, según su orden de evolución.
LOS RECUERDOS
Estructuras de pensamiento, miedos, recuerdos, deseos, capacidades y conocimientos: todo lo que se refiere a tu persona se encuentra grabado en una telaraña inmensa formada por células cerebrales. La Red Hebbiana es un circuito específico de neuronas interconectadas que funciona como una hoja de ruta activada mediante estímulos.
Cuando vivís una experiencia, la vivís con una emoción determinada, la cual creará una red hebbiana a través de las neuronas. Esta red representará aquella experiencia en tu cerebro, pero cada vez que la relates, lo harás con una nueva emoción. Por lo tanto, ese registro se va a resignificar y va a modificar el recuerdo que tienes de esa situación particular. Lo que recuerdas, en definitiva, es el registro de la experiencia que viviste y no lo que sucedió.
REPTILIANO: LA SUPERVIVENCIA
En lo profundo del cerebro se encuentra el cerebro reptiliano, su parte más antigua y primitiva. Se encarga principalmente de la supervivencia y los instintos. Allí se procesan las primeras experiencias de vida no verbales, de aceptación o rechazo. Regula las funciones fisiológicas involuntarias como la respiración, la temperatura corporal, la circulación, la homeostasis y el trabajo de las hormonas. Además, lleva a cabo luchas por el territorio y por la reproducción. También regula funciones básicas, como el hambre, la sed y la necesidad de protección.
Esta parte del cerebro se encarga de todo lo relacionado con la acción concreta: no tiene la capacidad de aprender, de sentir, razonar o imaginar un futuro o recordar un pasado. Nos sitúa en el presente y es incapaz de anticipar.
LÍMBICO: EL DESARROLLO EMOCIONAL
Se encuentra sobre el cerebro reptiliano es el lugar donde se almacenan las emociones y los recuerdos. Aquí está guardada la memoria afectiva. Gracias a esta parte del cerebro, tienes la capacidad de desear: se gestan las aspiraciones y los intereses. Está muy relacionado con la motivación, ya que otorga la energía que necesitas para lograr tus metas.
Otra particularidad del cerebro límbico es la facultad de traer el pasado al presente, lo cual permite el proceso de aprendizaje, además de invitarte a tener consideración del pasado.
NEOCÓRTEX: LA EVOLUCIÓN
El neocórtex o corteza cerebral es la última capa en la evolución de millones de años del cerebro humano. Se encuentra por sobre el límbico y su estructura consta de dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. Gestiona sentimientos, memorias y procesos intelectuales de un orden superior de entendimiento y análisis. Se fue desarrollando mediante el uso del lenguaje y encarna la adquisición de la consciencia. Otra función es la imaginación; te permite planificar, visualizar y prever futuras consecuencias.
HEMISFERIO CEREBRAL IZQUIERDO
El hemisferio cerebral izquierdo controla la parte derecha del cuerpo humano. Rige la vida intelectual, se encarga de procesar la información analíticamente, de forma lógica y lineal, de manera sucesiva. Su campo de acción es el temporal. Verbaliza, lo cual le permite pensar en palabras y números. Busca la objetividad diferenciando y rotulando lo que ocurre en el entorno para lograr entenderlo. Además, tiene la capacidad de abstraer, lo cual le permite crear hipótesis y hacer ejercicios matemáticos y gramáticos.
HEMISFERIO CEREBRAL DERECHO

El hemisferio cerebral derecho rige la mitad izquierda del cuerpo humano. Este hemisferio comienza por el todo para comprender las partes: según su visión, el mundo es un conjunto, por lo tanto, procesa de manera global. Sintetiza y busca la integración. Su percepción es holística, con un pensamiento analógico y subjetivo. Se expresa de manera arcaica y maneja el lenguaje simbólico. Su principal eje es el espacial y, por lo tanto, está situado en el momento presente. En él se desarrollan las actividades artísticas como la música o la pintura, además de las intuiciones. 

AUGE Y CAÍDA DEL MODELO MÉDICO DE LA PSIQUE


La gran batalla que enfrenta a psicólogos y psiquiatras (y qué implica para la salud)
La ciudadanía apenas entiende qué diferencia a un psiquiatra y un psicólogo. Sí, los primeros son médicos y los segundos no, pero ¿acaso estudian algo distinto?

Cuándo tenemos un problema en la piel visitamos al dermatólogo, y si nuestro niño enferma le llevamos al pediatra, pero ¿qué ocurre si tenemos un problema mental? Aunque sean colectivos históricamente enfrentados, la ciudadanía apenas entiende qué diferencia a un psiquiatra y un psicólogo. Sí, los primeros son médicos y los segundos no, pero ¿acaso estudian cosas distintas? ¿Las enfermedades mentales no surgen siempre de un problema en el cerebro?
“Si le preguntas a un pediatra cuál es su orientación le dejarás estupefacto”, explica a El Confidencial Marino Pérez Álvarez, psicólogo y catedrático de la Universidad de Oviedo y autor del libro Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil (Alianza Ensayo) “Si vas a un psiquiatra o un psicólogo la pregunta no sólo tiene sentido, además tienes que hacerla. Según sea de una u otra corriente va a cambiar mucho como salgas de allí”
Aunque en el mundo de la psicología y la psiquiatría hay una gran pluralidad de enfoques, de sistemas y de tradiciones, en ambas disciplinas pueden distinguirse dos corrientes principales, enfrentadas y casi irreconciliables:
  • El modelo propiamente psicológico, que trata de comprender el comportamiento humano teniendo en cuenta las diversas fuentes de éste, en el contexto de los problemas de la vida y la sociedad.
  • El modelo biologicista (más propio de los psiquiatras), que entienden la enfermedad mental como cualquier otra enfermedad, provocada, en este caso, por un fallo en nuestro cerebro o nuestros genes.
Breve historia de la psicología moderna
La psiquiatría y la psicología experimentaron un notable cambio tras la introducción de los psicofármacos en la década de 1950 y su posterior expansión en la década de los 80 y 90. En el año 1994 se publicaron dos libros que tuvieron un enorme impacto sobre la concepción que la ciudadanía tenía sobre los trastornos mentales: Nación Prozac, de Elizabeth Wurtzel, y Escuchando al Prozac, del psiquiatra Peter Kramer. Aunque desde dos ópticas distintas –la primera, una visión autobiográfica de la depresión; la segunda, un ensayo sobre ésta–, ambos volúmenes (que tuvieron un tremendo éxito) insistían sobre una idea: la extensión y mejora de los fármacos antidepresivos lograría erradicar el trastorno.
La última edición del DSM (la quinta) levantó muchas ampollas debido a la enorme ampliación de categorías diagnósticas, detrás de la que no pocos psicólogos vieron la mano oscura de las farmacéuticas
“Fue un momento culminante de la postura extrema de la medicalización”, explica el psicólogo Luis Muiño. “Según esta idea, los trastornos que todavía no medicamos son aquellos que seguimos investigando, pero habrá un momento en que todo esto se trate con medicación y punto”. Los avances en la genómica y la neurología nos permitirían entender en su totalidad los trastornos mentales, y bastaría intervenir sobre nuestros cerebros y nuestros genes para acabar con la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia o el alzhéimer. La práctica psicológica dejaría de tener sentido.
Pero veinte años después de la eclosión de los psicofármacos, ni se ha acabado con los trastornos mentales, ni ha desaparecido la psicología. Y, sin embargo, muchos psicólogos, psiquiatras, médicos y pacientes, siguen pensando que el tratamiento farmacológico es la mejor solución para la mayoría de nuestros problemas mentales. Una visión que, además, se potencia cada vez que sale una nueva versión del DSM, el manual de diagnóstico de los trastornos mentales conocido como la “Biblia de la psiquiatría”.
La última edición del DSM (la quinta) levantó muchas ampollas debido a la enorme ampliación de categorías diagnósticas, detrás de la que no pocos psicólogos vieron la mano oscura de las farmacéuticas. Pero, pese a las quejas, la mayoría de los trastornos mentales se tratan ya siguiendo sus pautas. “Esta colosal industria está lavando el cerebro a todo el mundo para que tomen pastillas, aunque no las necesiten”, Confidencial Allen Frances, el psiquiatra que había dirigido la anterior versión del DSM, y es hoy uno de los mayores críticos de la nueva edición.
Auge y caída de la posición biologicista
“Cuando se descifró el genoma humano, hace unos años, se pensaba que todas las enfermedades, incluidas las psiquiátricas, estarían identificadas”, explica Pérez Álvarez. Pero aunque es evidente que nada de esto ha ocurrido, lo primero que pensamos la mayoría de nosotros cuando tenemos un problema de tipo psicológico es que este tiene unas explicaciones genéticas o cerebrales. Y lo segundo, que seguro hay un fármaco que puede ayudarnos. “A la gente le vendieron la ideología de la felicidad y todos los inconvenientes son problemas que tienes que corregir con medicación”, asegura el psicólogo.
Pero la realidad es que, como explica el profesor, la medicación no hace más que enmascarar el problema: “Los medicamentos psiquiátricos no corrigen alteraciones neuroquímicas que fueran la causa de los trastornos psicológicos sino que crean una alteración en el cerebro que puede ser favorable a enmascarar o encubrir síntomas psicológicos. Y esto es algo que no es opinable, está establecido en la psicofarmacología, pero está muy mal entendido por parte de la gente y me temo que por algunos psiquiatras”.
En opinión de Pérez Álvarez, es un error tratar los trastornos psicológicos como enfermedades convencionales: “No pueden entenderse en términos biológicos u orgánicos aunque sea el cerebro el órgano de referencia sino que tienen otro tipo de naturaleza, de contexto y de explicación. Hoy se sabe más del cerebro que nunca en la historia de la ciencia, pero no por eso se sabe más de los trastornos psicológicos. El problema lo tienen los psiquiatras que quieren funcionar a imagen de cualquier especialidad médica y toman el cerebro como un órgano, como el páncreas con relación a la hepatitis. Pero las relaciones del páncreas con la hepatitis no son las mismas que las relaciones del cerebro con la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia”.
Somos el resultado de genes y ambiente, y por ambiente podemos entender todo, desde el clima, la dieta o la educación que recibimos
Esto no quiere decir que el cerebro no juegue su papel. Como es lógico, todos los problemas psicológicos, todas las conductas, tienen necesariamente una base fisiológica. César Nombela, exdirector del CSIC, rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y reputado microbiólogo y farmacéutico, está convencido de que el avance de la genética y la neurología nos ayudará a comprender mejor algunas enfermedades mentales. Lo que no quiere decir que esto vaya a sustituir el trabajo del psicólogo.
“Evidentemente nuestros genes influyen en lo que somos y cómo somos pero en absoluto lo determinan totalmente”, explica Nombela. “Tenemos toda la vida los genes con los que nacemos. No podemos cambiar nuestra genética, pero eso no quiere decir que todo esté predeterminado. El propio fundamento y naturaleza de los genes hacen que estén sujetos a determinadas modificaciones epigenéticas que afectan a su propio funcionamiento de una forma bastante clara. De ahí que la genética tenga que ser complementada con los estudios epigenéticos de los que todavía sabemos bastante poco. Somos el resultado de genes y ambiente, y por ambiente podemos entender todo, desde el clima, la dieta o la educación que recibimos”.
¿Nos hemos pasado recetando fármacos?
El TDAH es quizás el trastorno más polémico y que más debate ha generado en la comunidad médica, no sólo porque para muchos es un ejemplo claro de sobremedicalización, sino porque afecta a los más débiles: los niños. “Hay lugares donde se calcula que la tasa de hiperactivos es del 30% y coincide que en esos lugares hay clínicas potentes donde se está recetando Concerta [un psicoestimulante dirigido a tratar el TDAH]. Lo normal parece ser hiperactivo, tendrían que medicar a los demás”, asegura Muiño.
Desde el punto de vista de las bases biológicas nos queda mucho por saber. Y para lograr una farmacología precisa no digamos
En opinión de Pérez Álvarez, el modelo psiquiátrico dominante, biologicista, tiene el favor de la industria farmacéutica, y juntos promueven unos medicamentos que no están solucionando ningún problema, sino creando otros nuevos. “La psicofarmacología está viviendo de lo que se descubrió por casualidad hace 40 años”, asegura el psicólogo. “No hay nada nuevo, más que eslóganes”.
Una opinión radicalmente opuesta a la de Nombela, que asegura que los psicofármacos han vivido “un progreso espectacular”. En su opinión, “los medicamentos de los que dispone un psiquiatra para tratar desde el trastorno bipolar a las depresiones no tienen nada que ver con lo que tenían hace 30 años”. No sólo se han reducido sus efectos secundarios y su agresividad: son en conjunto más eficaces.
¿Y no hay excesos? “Una afirmación de carácter general no tiene sentido”, asegura el catedrático. “Que haya casos en los que se abuse de los fármacos puede ser, desde clínicos que lo impongan demasiado el abuso propio de mucha gente. Evidentemente es un terreno de la medicina que todavía puede progresar mucho pero no se puede zanjar diciendo que no sirve para nada”.
Nombela cree que existe cierto radicalismo entre psicólogos y psiquiatras, y los científicos como él, que no son una cosa ni la otra, pueden ofrecer una visión más neutra: “Desde el punto de vista de las bases biológicas nos queda mucho por saber. Y para lograr una farmacología precisa no digamos. Yo sigo pensando que sabemos muchísimo, podemos dar un simposio entero sobre un gen y como podría influir en el alzhéimer. Y al final, ¿hemos resuelto el alzhéimer? No señor. Y no podemos prescindir de la atención psicológica a estos enfermos. El cerebro es plástico y como es plástico no sólo responde a fármacos, también responde a otros estímulos. Y ahí es donde los psicólogos tienen que trabajar”.

Quizás, como asegura Muiño, por mucho que haya avanzado la genética y la neurología, el psicólogo sigue teniendo el mismo papel que hace 30 o 40 años: “Yo siempre he sentido la psicología como una tecnología, y dudo que alguien que haya trabajado mucho tiempo como psicoterapeuta no piense lo mismo. Es una cosa que tiene una utilidad determinada y te formas para buscar instrumentos para esa utilidad. Freud que es el fundador de la salud mental creía en un modelo biológico, ibas al psicoanalista como ibas al médico, te decía ‘te pasa esto esto y esto’, te lo creías y te ibas a casa. Eso ya no ocurre, ni va a ocurrir”.