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sábado, 1 de agosto de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
martes, 21 de julio de 2015
“CONVERTIMOS PROBLEMAS COTIDIANOS EN TRASTORNOS MENTALES”
“Convertimos problemas cotidianos en trastornos
mentales”
Catedrático emérito de la
Universidad de Duke, dirigió la considerada 'biblia' de los psiquiatras
Allen Frances (Nueva York, 1942)
dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM),
en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este
manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado
periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El
doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que
siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades
patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel,
2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente
académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.
Pregunta. En el libro
entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de
sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos
muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales
que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos
hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique
demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las
empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos
anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y
pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución.
El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño,
especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y
patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación
diagnóstica en hiperinflación.
P. ¿Todos vamos a ser
considerados enfermos mentales?
R. Algo así. Hace seis
años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión
y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía:
habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me
reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas,
de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho,
así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al
morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo
haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico
que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos
mentales.
P. Con la colaboración de
la industria farmacéutica...
R. Por supuesto. Gracias a
que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están
engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con
píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en
trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad.
Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de
medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico
contra el malestar.
P. ¿Qué propone para
frenar esta tendencia?
R. Controlar mejor a la
industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma
muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está
provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos
psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes
universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado
ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a
casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de
medicamentos que por consumo de drogas.
P. En 2009, un estudio
realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran
tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada
tres niños sea hiperactivo?
R. Claro que no. La
incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo,
en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de
los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro
dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen
¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos,
aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están
horrorizados. Se ha perdido el control.
P. ¿Y hay tanto
síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos
psiquiátricos?
R. Ese fue uno de los
dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco
tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la
hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los
diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir
de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy
caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.
P. La influencia de las
farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá
psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su
consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente,
y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto
influyen estos factores culturales?
Los
seres humanos hemos sobrevivido millones de años gracias a la capacidad de
afrontar la adversidad
R. Sobre esto he de decir
tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación
contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al
niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no
ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran
escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con
el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un
niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar
el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay
diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que
cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus
hijos, pero del exceso de medicación.
P. ¿En la
medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el
bienestar a cualquier precio?
R. Los seres humanos
somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a
esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo,
en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente
lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las
pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el
estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se
generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además,
cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la
dignidad de quienes verdaderamente la sufren.
P. Y ser etiquetado
como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?
R. Muchas, y de hecho
cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un
trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la
etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir
los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos
que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente
crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que
demasiada medicina es mala para la salud.
P. No va a ser fácil…
R. Cierto,
pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años,
en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es
uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido
por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en
desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos.
Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero
cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.
P. En los últimos años
las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los
laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden
influir sobre el médico generando demanda en el paciente.
R. Hay estudios que
demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más
posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del
médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de
visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los
guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos
llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.
P. ¿En qué sentido?
R. Que en vez de ir
al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una
actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico
cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios
aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente
muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten
estén justificados.
P. Y también tendrán
que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme
decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño!
Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad.
Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando
hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme
poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos.
CONOCE LOS SECRETOS DE LA NEUROCIENCIA
Sabías que tu cerebro es quien se encarga de controlar y regular los
estímulos. A través de las neurociencias puedes conocer cómo reaccionas.
El cerebro humano es el centro del sistema nervioso. Es la
maravilla más compleja que ha creado la naturaleza y se ha ido desarrollando a
lo largo de millones de años, capa tras capa, hasta llegar al cerebro actual.
En él se pueden distinguir tres formaciones (triurno) o cerebros independientes
pero conectados: el cerebro reptiliano, el paleomamífero o límbico y el
neocórtex, según su orden de evolución.
LOS RECUERDOS
Estructuras de pensamiento, miedos, recuerdos, deseos, capacidades y
conocimientos: todo lo que se refiere a tu persona se encuentra grabado en una
telaraña inmensa formada por células cerebrales. La Red Hebbiana es un circuito
específico de neuronas interconectadas que funciona como una hoja de
ruta activada mediante estímulos.
Cuando vivís una experiencia, la vivís con una emoción determinada, la
cual creará una red hebbiana a través de las neuronas. Esta red
representará aquella experiencia en tu cerebro, pero cada vez que la relates,
lo harás con una nueva emoción. Por lo tanto, ese registro se va a resignificar
y va a modificar el recuerdo que tienes de esa situación particular. Lo que recuerdas,
en definitiva, es el registro de la experiencia que viviste y no lo que
sucedió.
REPTILIANO: LA SUPERVIVENCIA
En lo profundo del cerebro se encuentra el cerebro reptiliano, su
parte más antigua y primitiva. Se encarga principalmente de la supervivencia y
los instintos. Allí se procesan las primeras experiencias de vida no verbales,
de aceptación o rechazo. Regula las funciones fisiológicas involuntarias como
la respiración, la temperatura corporal, la circulación, la homeostasis y
el trabajo de las hormonas. Además, lleva a cabo luchas por el territorio y por
la reproducción. También regula funciones básicas, como el hambre, la sed
y la necesidad de protección.
Esta parte del cerebro se encarga de todo lo relacionado con la acción
concreta: no tiene la capacidad de aprender, de sentir, razonar o imaginar un
futuro o recordar un pasado. Nos sitúa en el presente y es incapaz de
anticipar.
LÍMBICO: EL DESARROLLO EMOCIONAL
Se encuentra sobre el cerebro reptiliano es el lugar donde se
almacenan las emociones y los recuerdos. Aquí está guardada la memoria
afectiva. Gracias a esta parte del cerebro, tienes la capacidad de desear: se
gestan las aspiraciones y los intereses. Está muy relacionado con la
motivación, ya que otorga la energía que necesitas para lograr tus metas.
Otra particularidad del cerebro límbico es la facultad de traer el
pasado al presente, lo cual permite el proceso de aprendizaje, además de
invitarte a tener consideración del pasado.
NEOCÓRTEX: LA EVOLUCIÓN
El neocórtex o corteza cerebral es la última capa en la evolución de
millones de años del cerebro humano. Se encuentra por sobre el límbico y
su estructura consta de dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. Gestiona
sentimientos, memorias y procesos intelectuales de un orden superior de
entendimiento y análisis. Se fue desarrollando mediante el uso del lenguaje y
encarna la adquisición de la consciencia. Otra función es la imaginación;
te permite planificar, visualizar y prever futuras consecuencias.
HEMISFERIO CEREBRAL IZQUIERDO
El hemisferio cerebral izquierdo controla la parte derecha del cuerpo
humano. Rige la vida intelectual, se encarga de procesar la información
analíticamente, de forma lógica y lineal, de manera sucesiva. Su campo de
acción es el temporal. Verbaliza, lo cual le permite pensar en palabras y
números. Busca la objetividad diferenciando y rotulando lo que ocurre en el
entorno para lograr entenderlo. Además, tiene la capacidad de abstraer, lo cual
le permite crear hipótesis y hacer ejercicios matemáticos y gramáticos.
HEMISFERIO CEREBRAL DERECHO
El hemisferio cerebral derecho rige la mitad izquierda del cuerpo
humano. Este hemisferio comienza por el todo para comprender las partes: según
su visión, el mundo es un conjunto, por lo tanto, procesa de manera global.
Sintetiza y busca la integración. Su percepción es holística, con un
pensamiento analógico y subjetivo. Se expresa de manera arcaica y maneja el
lenguaje simbólico. Su principal eje es el espacial y, por lo tanto, está
situado en el momento presente. En él se desarrollan las actividades artísticas
como la música o la pintura, además de las intuiciones.
AUGE Y CAÍDA DEL MODELO MÉDICO DE LA PSIQUE
La gran batalla
que enfrenta a psicólogos y psiquiatras (y qué implica para la salud)
La ciudadanía apenas
entiende qué diferencia a un psiquiatra y un psicólogo. Sí, los primeros son
médicos y los segundos no, pero ¿acaso estudian algo distinto?
Cuándo tenemos un problema en la
piel visitamos al dermatólogo, y si nuestro niño enferma le llevamos al
pediatra, pero ¿qué ocurre si tenemos un problema mental? Aunque sean
colectivos históricamente enfrentados, la ciudadanía apenas entiende qué
diferencia a un psiquiatra y un psicólogo. Sí,
los primeros son médicos y los segundos no, pero ¿acaso estudian cosas
distintas? ¿Las enfermedades mentales no surgen siempre de un problema en el
cerebro?
“Si le preguntas a un pediatra cuál
es su orientación le dejarás estupefacto”, explica a El Confidencial Marino
Pérez Álvarez, psicólogo y catedrático de la Universidad de Oviedo y
autor del libro Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del
trastorno bipolar infantil (Alianza Ensayo) “Si vas a un psiquiatra o
un psicólogo la pregunta no sólo tiene sentido, además tienes que hacerla.
Según sea de una u otra corriente va a cambiar mucho como
salgas de allí”
Aunque en el mundo de la
psicología y la psiquiatría hay una gran pluralidad de enfoques, de sistemas y
de tradiciones, en ambas disciplinas pueden distinguirse dos corrientes
principales, enfrentadas y casi irreconciliables:
- El modelo propiamente psicológico, que trata
de comprender el comportamiento humano teniendo en cuenta las diversas
fuentes de éste, en el contexto de los problemas de la vida y la sociedad.
- El modelo biologicista (más propio de
los psiquiatras), que entienden la enfermedad mental como cualquier otra
enfermedad, provocada, en este caso, por un fallo en nuestro cerebro o
nuestros genes.
Breve historia de la
psicología moderna
La psiquiatría y la psicología
experimentaron un notable cambio tras la introducción de los psicofármacos en
la década de 1950 y su posterior expansión en la década de los 80 y 90. En el
año 1994 se publicaron dos libros que tuvieron un enorme impacto sobre la
concepción que la ciudadanía tenía sobre los trastornos mentales: Nación
Prozac, de Elizabeth Wurtzel, y Escuchando al Prozac, del
psiquiatra Peter Kramer. Aunque desde dos ópticas distintas –la
primera, una visión autobiográfica de la depresión; la segunda, un ensayo sobre
ésta–, ambos volúmenes (que tuvieron un tremendo éxito) insistían sobre una
idea: la extensión y mejora de los fármacos antidepresivos lograría
erradicar el trastorno.
La última edición del DSM (la
quinta) levantó muchas ampollas debido a la enorme ampliación de categorías diagnósticas,
detrás de la que no pocos psicólogos vieron la mano oscura de las farmacéuticas
“Fue un momento culminante de la
postura extrema de la medicalización”, explica el psicólogo Luis
Muiño. “Según esta idea, los trastornos que todavía no medicamos son
aquellos que seguimos investigando, pero habrá un momento en que todo esto se
trate con medicación y punto”. Los avances en la genómica y la neurología nos
permitirían entender en su totalidad los trastornos mentales, y bastaría
intervenir sobre nuestros cerebros y nuestros genes para acabar con la
depresión, la ansiedad, la esquizofrenia o el
alzhéimer. La práctica psicológica dejaría de tener sentido.
Pero veinte años después de la
eclosión de los psicofármacos, ni se ha acabado con los trastornos
mentales, ni ha desaparecido la psicología. Y, sin embargo, muchos psicólogos,
psiquiatras, médicos y pacientes, siguen pensando que el tratamiento
farmacológico es la mejor solución para la mayoría de nuestros problemas
mentales. Una visión que, además, se potencia cada vez que sale una nueva
versión del DSM, el manual de diagnóstico de los trastornos mentales conocido
como la “Biblia de la psiquiatría”.
La última edición del DSM (la
quinta) levantó muchas ampollas debido a la enorme ampliación de categorías
diagnósticas, detrás de la que no pocos psicólogos vieron la mano oscura de las farmacéuticas. Pero,
pese a las quejas, la mayoría de los trastornos mentales se tratan ya siguiendo
sus pautas. “Esta colosal industria está lavando el cerebro a todo el
mundo para que tomen pastillas, aunque no las necesiten”, Confidencial
Allen Frances, el psiquiatra que había dirigido la anterior versión
del DSM, y es hoy uno de los mayores críticos de la nueva edición.
Auge y caída de la posición
biologicista
“Cuando se descifró el genoma
humano, hace unos años, se pensaba que todas las enfermedades, incluidas
las psiquiátricas, estarían identificadas”, explica Pérez Álvarez. Pero
aunque es evidente que nada de esto ha ocurrido, lo primero que pensamos la
mayoría de nosotros cuando tenemos un problema de tipo psicológico es que este
tiene unas explicaciones genéticas o cerebrales. Y lo segundo, que
seguro hay un fármaco que puede ayudarnos. “A la gente le vendieron la ideología
de la felicidad y todos los inconvenientes son problemas que tienes
que corregir con medicación”, asegura el psicólogo.
Pero la realidad es que, como
explica el profesor, la medicación no hace más que enmascarar el problema: “Los
medicamentos psiquiátricos no corrigen alteraciones neuroquímicas que
fueran la causa de los trastornos psicológicos sino que crean una alteración en
el cerebro que puede ser favorable a enmascarar o encubrir síntomas psicológicos.
Y esto es algo que no es opinable, está establecido en la psicofarmacología, pero
está muy mal entendido por parte de la gente y me temo que por algunos
psiquiatras”.
En opinión de Pérez Álvarez, es
un error tratar los trastornos psicológicos como enfermedades convencionales:
“No pueden entenderse en términos biológicos u orgánicos aunque sea el cerebro
el órgano de referencia sino que tienen otro tipo de naturaleza, de contexto y
de explicación. Hoy se sabe más del cerebro que nunca en la historia de la
ciencia, pero no por eso se sabe más de los trastornos psicológicos. El
problema lo tienen los psiquiatras que quieren funcionar a imagen de cualquier
especialidad médica y toman el cerebro como un órgano, como el
páncreas con relación a la hepatitis. Pero las relaciones del páncreas con la
hepatitis no son las mismas que las relaciones del cerebro con la depresión, la
ansiedad o la esquizofrenia”.
Somos el resultado de genes y
ambiente, y por ambiente podemos entender todo, desde el clima, la dieta o la
educación que recibimos
Esto no quiere decir que el
cerebro no juegue su papel. Como es lógico, todos los problemas psicológicos,
todas las conductas, tienen necesariamente una base fisiológica. César
Nombela, exdirector del CSIC, rector de la Universidad Internacional
Menéndez Pelayo y reputado microbiólogo y farmacéutico, está convencido de que
el avance de la genética y la neurología nos
ayudará a comprender mejor algunas enfermedades mentales. Lo que no quiere
decir que esto vaya a sustituir el trabajo del psicólogo.
“Evidentemente nuestros genes
influyen en lo que somos y cómo somos pero en absoluto lo determinan
totalmente”, explica Nombela. “Tenemos toda la vida los genes con los que
nacemos. No podemos cambiar nuestra genética, pero eso no quiere decir que todo
esté predeterminado. El propio fundamento y naturaleza de los genes
hacen que estén sujetos a determinadas modificaciones epigenéticas que
afectan a su propio funcionamiento de una forma bastante clara. De ahí que la
genética tenga que ser complementada con los estudios epigenéticos de los que
todavía sabemos bastante poco. Somos el resultado de genes y ambiente, y por
ambiente podemos entender todo, desde el clima, la dieta o la educación que
recibimos”.
¿Nos hemos pasado recetando
fármacos?
El TDAH es quizás el trastorno
más polémico y que más debate ha generado en la comunidad médica, no sólo
porque para muchos es un ejemplo claro de sobremedicalización, sino
porque afecta a los más débiles: los niños. “Hay lugares donde se calcula que
la tasa de hiperactivos es del 30% y coincide que en esos lugares hay clínicas
potentes donde se está recetando Concerta [un psicoestimulante dirigido a
tratar el TDAH]. Lo normal parece ser hiperactivo, tendrían que
medicar a los demás”, asegura Muiño.
Desde el punto de vista de las
bases biológicas nos queda mucho por saber. Y para lograr una farmacología
precisa no digamos
En opinión de Pérez Álvarez, el
modelo psiquiátrico dominante, biologicista, tiene el favor de la industria
farmacéutica, y juntos promueven unos medicamentos que no están
solucionando ningún problema, sino creando otros nuevos. “La
psicofarmacología está viviendo de lo que se descubrió por casualidad hace 40
años”, asegura el psicólogo. “No hay nada nuevo, más que eslóganes”.
Una opinión radicalmente opuesta
a la de Nombela, que asegura que los psicofármacos han vivido “un progreso
espectacular”. En su opinión, “los medicamentos de los que dispone un
psiquiatra para tratar desde el trastorno bipolar a las depresiones no tienen
nada que ver con lo que tenían hace 30 años”. No sólo se han reducido sus efectos
secundarios y su agresividad: son en conjunto más eficaces.
¿Y no hay excesos? “Una
afirmación de carácter general no tiene sentido”, asegura el catedrático. “Que
haya casos en los que se abuse de los fármacos puede ser, desde clínicos que lo
impongan demasiado el abuso propio de mucha gente. Evidentemente es un terreno
de la medicina que todavía puede progresar mucho pero no se
puede zanjar diciendo que no sirve para nada”.
Nombela cree que existe
cierto radicalismo entre psicólogos y psiquiatras, y los científicos
como él, que no son una cosa ni la otra, pueden ofrecer una visión más neutra:
“Desde el punto de vista de las bases biológicas nos queda mucho por
saber. Y para lograr una farmacología precisa no digamos. Yo sigo pensando que
sabemos muchísimo, podemos dar un simposio entero sobre un gen y como podría
influir en el alzhéimer. Y al final, ¿hemos resuelto el alzhéimer? No señor. Y
no podemos prescindir de la atención psicológica a estos enfermos.
El cerebro es plástico y como es plástico no sólo responde a fármacos, también
responde a otros estímulos. Y ahí es donde los psicólogos tienen que trabajar”.
Quizás, como asegura Muiño, por
mucho que haya avanzado la genética y la neurología, el psicólogo sigue
teniendo el mismo papel que hace 30 o 40 años: “Yo siempre he
sentido la psicología como una tecnología, y dudo que alguien que haya
trabajado mucho tiempo como psicoterapeuta no piense lo mismo.
Es una cosa que tiene una utilidad determinada y te formas para buscar
instrumentos para esa utilidad. Freud que es el fundador de la
salud mental creía en un modelo biológico, ibas al psicoanalista como ibas al
médico, te decía ‘te pasa esto esto y esto’, te lo creías y te ibas a casa. Eso
ya no ocurre, ni va a ocurrir”.
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